Le atribuyen a Albert Einstein haber dicho que, si tuviera que resolver en una hora un problema que pusiera en riesgo el futuro del mundo, dedicaría 55 minutos a definirlo y 5 a encontrar la solución, innovar en las empresas debería siempre utilizar esa lógica.  

He comentado en otros artículos, que el introducir exitosamente nuevos productos, es resultado de tener un sólido proceso de innovación en la empresa.  Una pregunta frecuente es ¿cómo empezar a innovar?  La respuesta es similar a la de Einstein: definiendo que queremos solucionar, para quién es relevante y entonces asegurarnos que nuestro producto cumpla con esas expectativas.  Todos los productos que vendemos le solucionan algo a alguien, si no, NO los compraría.  Por esto es fundamental definir claramente 2 elementos: qué y a quién le ofrecemos una solución, dicho de otra manera, a quién, por qué y para qué les sirve nuestro producto.

Conceptos sencillos que encierran el gran secreto de la innovación.   Bajo esta lógica analicemos algunos de los éxitos de años recientes.   En los últimos años las personas tienen que dedicar mas tiempo a trabajar y trasladarse, lo que presenta el problema de poco tiempo para cocinar.  Simultáneamente la tecnología para empacar productos estériles con alta vida de anaquel en bolsas de materiales plásticos (pouches o stand up bags) se perfeccionó. Ante estas circunstancias se desarrolló un portafolio de productos cocinados empacados en bolsas “abre fácil” que no necesitan refrigeración y que solo necesitan unos segundos en el microondas o una cacerola.  El resultado frijoles refritos , guisos mexicanos y un largo etcétera.  ¿Para quién es relevante?, para aquellas personas que no tienen tiempo de cocinar y quieren comer algo sabroso y rápido.   Es decir, si estuviéramos en la etapa de “ideación” escribiendo el “Brief” de esta línea de productos muy probablemente hubiéramos visto el potencial de éxito que tendría.  Los productos fueron muy bien ejecutados y el resto es y sigue siendo historia.

Analicemos otro caso de éxito en la industria alimenticia.  La tostada – tortilla de maíz frita en aceite- ha sido parte de la dieta del mexicano por siglos. Tradicionalmente se vende en bolsas de celofán cerradas con una liga de plástico que limitan su vida de anaquel y la calidad del producto.  Aproximadamente hace 30 años empezó la preocupación del público sobre el exceso de calorías que los productos fritos aportaban.  Si hubiéramos estado presentes cuando se escribió el “Brief” del nuevo producto, el problema a solucionar habría sido definido como “eliminar el freído del producto manteniendo la forma y sabor de la tostada”, lo que es relevante para consumidores interesados en no consumir productos con alto contenido de calorías.  El resultado fue el lanzamiento de una tostada horneada que fue un éxito inmediato.    El proceso de innovación ha continuado avanzando y ha resultado en la creación de una nueva categoría de productos similares a la tostada horneada con diferentes formas (cuadrada similar a una galleta salada tipo crackers) y nuevos empaques (con mejor vida de anaquel) que han abierto las puertas a estos productos a hábitos de consumo como snacks y food companion.  En México este producto se vende como “Salmas (marca registrada de  Grupo Bimbo)”.  

Definir claramente el problema que queremos resolver y a quién le es relevante es indispensable ANTES de diseñar y lanzar nuevos productos. Sugiero escribir estos conceptos y mantenerlos a la mano durante el desarrollo del producto como punto de referencia.   Frecuentemente encuentro empresas en las que la innovación mal cimentada ha sido la causa de pérdidas y lo más grave, la decisión a no volver a querer volver a innovar (crear nuevos productos).