Muchos hemos estado en reuniones en donde alguien dice “si vendiéramos los tamales (o el producto que gusten) que hacía mi abuelita (o cualquier pariente o conocido) seríamos ricos”, y la pregunta es ¿y por qué no lo hemos hecho? La respuesta es generalmente por que NO sabemos cómo producir y vender un nuevo producto.

De manera similar en las empresas se puede confundir el tener buenas ideas con ser innovadores.  La realidad es que tenerlas únicamente es el primer paso y generalmente NO es suficiente.  Es necesario saber cómo ejecutar y convertirlas en buenos negocios. 

Para hacerlo bien, se necesitan principalmente 3 elementos:  conocimiento, disciplina y tolerancia a la frustración.  Veamos cada uno: Conocimiento.  Como lo comenté en el artículo anterior necesitamos saber: ¿qué y a quién le solucionamos un problema? (nuestro consumidor objetivo), ¿quién es la competencia?, ¿cuánto cuestan los ingredientes y a qué precio venderé el producto? (¿ganamos o perdemos dinero?), ¿dónde compraremos los ingredientes?, ¿con qué equipos lo haremos? y un largo etcétera.  Es decir, se tiene que hacer una planeación detallada para conocer lo mas que se pueda de los elementos críticos que harán que nuestro producto sea o no un éxito.

Disciplina.  En el desarrollo de nuevos productos hay 2 reglas de oro: NO hay proyectos sencillos y NO hay atajos.  Es indispensable seguir un proceso de desarrollo ordenado y diseñado por profesionales para asegurar que todas las etapas de desarrollo se cubran cabalmente y que tengamos la seguridad que los PRINCIPALES riesgos han sido identificados y evaluados (y en su caso mitigados) de tal manera que el resultado sea aceptable. Desafortunadamente una gran cantidad de empresas han aprendido esta dura lección de la manera más dura, perdiendo dinero y buenas oportunidades e inclusive “vacunándose” contra la innovación (esto no es para nosotros, nunca volveremos a lanzar nuevos productos, zapatero a tus zapatos, etc.) He comentado en otros artículos, que el introducir exitosamente nuevos productos, es resultado de tener un sólido proceso de innovación en la empresa.

Tolerancia a la frustración. No obstante se consideren todos los ángulos en un desarrollo y se haya hecho la tarea, algo puede salir mal que evitará el éxito de una iniciativa.  Es muy importante estar consiente de esto y NO perder la seguridad en que innovación es el camino.  Es importante tener la capacidad de aprender de los errores, no culpar a alguien (a menos que haya cometido una irresponsabilidad) y liderear al equipo hacia la siguiente oportunidad con la seguridad que ésa cumplirá con las expectativas.

Si tienen la fortuna de ser -o tener un equipo- creativo que continuamente tiene nuevas ideas, trabajen en construir un proceso de innovación para aprovechar al máximo dicho potencial.  Para las empresas pequeñas es posible empezar con un “check list” integral, en la medida que el tamaño y complejidad de la empresa aumenta, el proceso demandará más recursos, atención y sofisticación.   Un programa así NO es opcional, es una NECESIDAD INDISPENSABLE para todas las empresas.  Un punto adicional, el responsable de traer a la empresa y asegurarse que se viva adecuadamente es el director general, nadie más.  Seguramente se incrementarán las cargas de trabajo de todos en la empresa ya que cada uno jugará un rol clave por lo que será necesario que la moral y la brújula de la innovación no se pierda.

La innovación es una palanca de crecimiento si es ejecutada correctamente, la máxima de que “la práctica hace al maestro” aplica perfectamente a la innovación. Nunca es tarde para empezar.